Sobre los políticos
A menudo la sociedad ha aceptado el papel de masa tonta, pasiva y manipulable que se deja engañar por una panda de rufianes de guante blanco llamados políticos. El ser humano, que conforma esa parte pequeña pero imprescindible del grupo social, suele echar la culpa de los errores a la sociedad, sin incluirse dentro del mismo paquete. Otros le echan la culpa a la Ley o la Política, pero hay que destacar que ambos campos, son reflejo de las tendencias y cultura que desarrolla la propia sociedad y en última instancia,del ser humano.
Por eso, en la sociedad europea el hombre medio ve en la política su muro de las lamentaciones particular, y a veces, no es para menos. Yo creo firmemente que la culpa de que los políticos que tenemos sean estúpidos, corruptos y ególatras es de todos nosotros. Porque todos los habitantes de un mismo país somos la sociedad y damos soporte, con nuestro dinero, a las tropelías de los poderosos. Mientras las permitimos, nuestro radio de acción no suele ir más allá de la queja de telediario y nos limitamos a contemplar pasivamente el triste espectáculo que día a día ofrecen.
Si no exigimos a los políticos locales y nacionales que hagan mejor el trabajo para el que les elegimos y se preparen mejor para dirigir con más eficacia, ellos no van a cambiar por sí mismos. Buen ejemplo fue la cumbre de Copenhague. Ante tanta riqueza y poder fácil pocos de nosotros cambiaríamos. Los políticos más que en servir al pueblo con decisiones que necesitan, están centrados en evitar que el compañero de turno no le apuñale por la espalda y en responder a los ataques y provocaciones del partido de enfrente. O al menos esa es la impresión que dan, a la vista están los resultados. Si cada uno de nosotros se implicara más en la vida política, aquellos que dicen representarnos se esforzarían de verdad en dar soluciones eficaces para el pueblo, porque ante la presión del cuerpo electoral, no les quedaría otro remedio. Ese es el verdadero valor de nuestro voto y por ello es necesario que conozcamos, con claridad meridiana, las reglas del juego social.






